El arte de mirar

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Atrevimiento de mirar

Antonio Muñoz Molina es un gran escritor, un gran novelista, pero lo que se nos olvida es que también es un historiador del Arte. Y con esta chaqueta es con la que escribe los distintos ensayos o artículos que componen el libro: «El atrevimiento de mirar». Una de las premisas que más me han gustado ha sido la que defiende que el arte no es lineal, no tiene un desarrollo científico. No es mejor un pintor abstracto de nuestros días que uno que se decanta por el realismo. Nadie avanza o retrocede en la historia de esta disciplina según su forma de hacer arte.

Otra premisa que me parece muy cierta es que el arte tiene sus propios códigos, su propio lenguaje. Se puede disfrutar mucho siendo lego en la materia, pero cuanto más sabes más lo aprecias. Eso no significa que no tengas preferencias y que no te gusten depende que obras. Este lenguaje no sólo se aprende viendo mucha pintura, mucha fotografía, mucha escultura… sino también leyendo mucho: a los teóricos del arte, a los literatos; viendo cine, leyendo cómics. En el libro encontramos esta frase que creo que lo explica perfectamente: «Hay que adiestrar los ojos para la pintura igual que se adiestra el oído para comprender una música o un idioma.»

Otro punto que revindica es el ver la obra en directo. Las proporciones de un cuadro tiene su importancia, las pinceladas que se han dado, que se pueden ver o no, el uso de los colores, la fisicidad de la obra. Es difícil decir que conocemos una obra si no la hemos disfrutado in situ. Lo mismo vale para la arquitectura, la escultura, la fotografía… Antonio Muñoz pone el ejemplo de los cuadros de Degas y estoy completamente de acuerdo. Las bailarinas de Degas cuando las vemos en una reproducción nos parecen dibujos que quedan muy bien en «una caja de bombones», pero si las ves en vivo te das cuenta de que son trozos de vida cogidos al vuelo con unas composiciones muy dinámicas, con unos colores alegres que están en oposición con los temas que trata.

De Goya nos dice que fue un pintor que miró y no escondió la mirada, que fue el primer pintor en mirar la realidad cara a cara. Nos habla de su mirada política al pintar por ejemplo, el Retrato Gaspar Melchor de Jovellanos. Goya pintó a los protagonistas de sus cuadros, tanto las víctimas como los verdugos, con cara de persona corriente, con ello quería demostrar que cualquiera se puede convertir en héroe o en villano.

Antonio Muñoz Molina nos habla de un fotógrafo: Nicholas Nixon. Nos dice que su tema es «el paso del tiempo y la sutileza y el vigor de los lazos humanos.» Habla también de pintores como Hopper, Georges de la Tour, de Juan Genovés o de Miguel Macaya, de su teoría del verano de 1923. Con cada frase nos abre los ojos a experimentar la mirada por nosotros mismos. Creo que un libro imprescindible porque más que respuestas nos crea preguntas.

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Porque nos nutrimos de muchas cosas como la literatura, las exposiciones, el cine, la música, los lugares, los olores, los sabores. Pequeños apuntes de mis “vivencias”.

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