Una vida inventada 13

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Desde muy pequeña Tesa fue una persona muy curiosa. Era la pequeña de tres hermanos. Los chicos tenían un preceptor en casa y ella aprendió a leer escondida tras los faldones de la mesa camilla. Teresa siempre había pensado que se escondía muy bien pero como estaba quieta como un ratón, no molestaba durante las clases y parecía que se divertía le dejaban estar. Así que además de leer aprendió algo de historia, literatura, ciencias naturales… las matemáticas no le gustaban mucho. Cuando empezó a ir a la escuela ya tenía mucho adelantado. La maestra que tuvo descubrió que le encantaba leer, durante las clases le mandaba al ropero con libros mientras sus compañeras estaban todavía aprendiendo a leer.

¡Se leyó todos los libros de la escuelita en un par de años! Unas Navidades, cuando tenía doce años recibió como regalo un cuaderno con las guardas de cuero y una pluma. Durante un año no hacía más que mirarlo, acariciarlo y volverlo a guardar. Pero cuando su padre le preguntó porque no lo había usado ella le dijo que le daba pena estropearlo. Su padre sonrió, le revolvió el pelo y no dijo nada. A la hora de la cena, Tesa encontró un montón de cuadernos al lado de su plato. No se lo creía, cenó a toda prisa, pidió permiso para levantarse y se sentó en su pupitre. Sacó el cuaderno, la plumilla, la tinta y empezó a escribir un cuento corto para sus amigas.

Ellas fueron sus primeras lectoras, con ellas aprendió a narrar, a mantener el suspense y a terminar los cuentos. El cuento les duraba toda la semana; le preguntaban porqué acababa así, que pensaba la protagonista, si no les gustaba algo discutían con mucho fervor… A medida que iban creciendo sus historias también fueron ganando en extensión y profundidad. Pierre, su hermano mayor, le robó una de las novelas y se la llevó a un amigo que trabajaba en un periódico. No le dijo que la había escrito su hermana, no quería influirle. Y a ella tampoco le dijo que intentaba que se la publicasen.

Ese verano le publicaron el relato por capítulos en el periódico, a ella le hubiese gustado firmar como Teresa Labrit pero le aconsejaron que buscase un seudónimo. Desde entonces firma como Michel Tess. Ahora trabaja como redactora en el periódico y en su tiempo libre escribe novelas que cada vez tienen más público. Su marido y compañero de trabajo le anima para que escriba una novela de detectives que se han puesto de moda últimamente. Así que ahora pasa tiempo en la comisaría del barrio intentando aprender cómo trabajan los policías. Ellos le dejan estar ya que saben que es muy cabezota y que siempre consigue lo que quiere con sus sonrisas y sus formas educadas.

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Porque nos nutrimos de muchas cosas como la literatura, las exposiciones, el cine, la música, los lugares, los olores, los sabores. Pequeños apuntes de mis “vivencias”.

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